Después de los fríos y lluvias invernales, ha hecho falta tan solo unos pocos días soleados para que el campo estalle de flores. En los almendros no quedaba ni un hueco sin flor, los prados se tiñen de amarillo y blanco, en los pueblos la gente iba y venía con los manojos de espárragos recién cortados, en definitiva, un anticipo de la primavera en pleno mes de febrero.


