En el siglo XVII, tres monjes franciscanos decidieron construir este monumento a la transitoriedad de la vida, en un intento de que las personas no dieran tanta importancia a lo material (curiosamente, mucho tiempo después, el tema sigue teniendo sentido). Se utilizaron huesos de 5.000 personas (quizá muertos por una epidemia de peste negra) recopilados de los cementerios de la ciudad y alrededores. Sin duda un lugar para reflexionar.


